Han pasado 8711 días

jueves, 30. enero 2003

30/1/03 1:43


él



Nunca pareció gran cosa y, según pasa el tiempo, va demostrando que es lo que pareció. Poca cosa. Limitado, simple, de humor más que dudoso, lleno a ambiciones oscuras. El tonto posible que medra en los partidos políticos hasta llegar a tonto completo, el simple a quien ríen las gracias, el acomplejado, el hombre sin vicios, el líder de la manipulación, el orador de la nada, el que levanta el dedo, el que dice que ya se puede atacar a Irak (y no lo digo por Bush, que lo hace por dinero), el pelota, el que no llega, el que quiere ser y no puede, el que se disfraza y se deslumbra, muta, se cree algo y ríe como una hiena.
El que piensa que la muerte es la victoria.

Las imágenes de Peter Turnley en la serie de fotografías The Unseen Gulf War pueden herir alguna sensibilidad. No la de Aznar. Qué sarcamo pensar que la colaboración española podría consistir en el "envío de tropas terrestres para operaciones de mantenimiento de la paz durante la etapa de la posguerra."

A US Military graves detail buries the bodies of dead Iraqi soldiers killed along the Mile of Death

Escrito por txema

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martes, 28. enero 2003

28/1/03 11:15


Corme, costa da morte



En Corme ya no quedan percebes, aunque algunos ejemplares lucen fotografiados como reclamo gastronómico de fiestas que tardarán en volver. El mar golpea el granito y moldea la piedra cubierta de petróleo mientras las gaviotas se acercan hambrientas a los vecinos y a las barcas varadas.
En Corme me vestí de blanco, el paradójico color de la luz que quiere romper la noche del Prestige, que lo envuelve todo como una piel pegajosa, que se cierra como un guante ocre sobre el corazón de aquella tierra abierta a todos los mares, donde la lluvia es prima de la tempestad y pinta de sal la puerta de la casas.

En Corme amanece el día enseñando su lengua de niebla a nuevos amigos, a personas que vienen de lejos o de cerca a pelearse con el destino, porque hay que pelearse, y a meterlo en capazos. Sobre hombres y mujeres vestidos de un extraño blanco, de un breve blanco, de una mancha blanca efímera y optimista.

En Corme habita el olvido y la esperanza huele a caldo de verduras, a petróleo y paredes húmedas, a pescado ausente, a manos de mujer; huele a frontera, a horizonte, a militares de porte orgulloso, a vino suave y creencias viejas. Las cruces, las marcas del tiempo, los nombres rotulados en la espalda: Lydia, Belén, María, José, Sonia, Antonio...Txema, cada uno elige el suyo, o todos, o ninguno. Y piensa en sus cosas mientras rasca la piedra, cada uno con sus razones, o sin ellas. Pensando en el por qué de los porques y en lo imposible de lo posible. En lo que encierra cada grano de roca liberado de aquella negra mierda, en lo que tiene de bello, de simple y de importante.

A Mariano.


Escrito por txema

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