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lunes, 2. diciembre 2002

2/12/02 18:21


galicia



Desde que el mar es negro tengo una sensación extraña como de sombra que me sigue, como de tiempo que no pasa. Alguien me pregunta cómo terminaba Desayuno con diamantes. Otro alguien acelera mis sueños. Desde que me hago preguntas me voy quedando sin respuestas. Si. Acudo a los viejos poetas y a algún recuerdo que fue recogido con guantes de goma de la playa ocre. Acudo a lo que contaban los mayores, que se fueron explicando por qué se iban de aquella tierra. Como si fuera necesario explicarlo, como si fuera tan necesario como irse. Tan inútil como remar contra los vientos.

En una película lanzan una guirnalda de flores al agua. Y a eso le llaman destino.

En un lugar remoto duermen los dibujos de Castelao y las maletas de cartón que nunca llegaron a Munich. Pienso mucho en Miguel, viejo amigo, que se quedó en aquella tierra de corazón licuado. En sus dedos llenos de cortes y en su piel cubierta de peces. Desde que el mar es negro, desde que es mar, desde que veía su barco,Esmeralda como ella, apuntar la proa al oeste, desde que dio media vuelta en la estación repleta de emigrantes. Desde que lo veo sonriente, sentado en la tienda de Niní apretando con el pulgar la cazoleta de la pipa.

-Rapaz...tú a éste ni caso. En esta tierra ser es irse.

-Yo ando en la mar, por eso no cuento entre los que se quedaron.


Escrito por txema

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